Beat Keller (Suiza, 1953) es un escultor y artista visual reconocido por sus obras matéricas y gestuales. Después de formarse en la Kunstgewerbeschule Biel y en la School of Visual Arts de Nueva York, Keller pasó por varias agencias de publicidad antes de decidir establecerse en La Bisbal d'Empordà, donde comparte estudio con la artista Mariana Fresneda.
Su obra se caracteriza por una mezcla de elementos orgánicos e industriales, desafiando las jerarquías establecidas entre lo natural y lo artificial. Keller parte de una imaginería íntima, transformándola a través de asociaciones surrealistas para darle un significado más amplio y atemporal. Esta forma de trabajar lo asemeja a la mecánica de Tinguely o a la visión metafísica de Chirico.
Sus esculturas son representaciones que buscan trascender el tiempo y el significado, con un profundo arraigo al deseo y a la imaginación. Keller quiere exorcizar el trauma cultural que, según Freud, limita la libre realización de la sociedad. Sus obras, creadas como tótems, tienen un gran poder simbólico y una fuerte carga emocional, explorando el espacio entre la realidad y la ficción, y fusionando elementos de la naturaleza con objetos manufacturados.