"El arte evoca el misterio sin el cual el mundo no existiría."
René Magritte (1898–1967) fue uno de los máximos representantes del surrealismo europeo. Nacido en Lessines, Bélgica, inició sus estudios en la Académie Royale des Beaux-Arts de Bruselas. Tras un breve periodo influido por el cubismo y el futurismo, a mediados de los años veinte entró en contacto con el surrealismo, movimiento con el que establecería una relación profunda pero singular.
Magritte no se dejó llevar por los sueños irracionales, sino que utilizó objetos cotidianos descontextualizados para cuestionar la percepción de la realidad. Con una técnica pictórica precisa y casi fotográfica, creó imágenes enigmáticas y conceptuales como La trahison des images (Esto no es una pipa) o Los amantes, convirtiéndose en un maestro de la paradoja visual.
A diferencia de otros surrealistas, mantuvo una vida discreta en Bruselas, desde donde produjo una obra coherente e influyente. En las décadas de 1950 y 1960, su visión anticipó el pop art y el arte conceptual. Falleció en 1967, dejando un legado que sigue interrogándonos sobre la relación entre imagen y palabra, entre apariencia y esencia.