“La escultura es un vacío que se llena de espíritu.”
Jorge Oteiza (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003) es una figura central de la vanguardia artística española del siglo XX y uno de los grandes referentes de la escultura vasca. Autodidacta y visionario, su obra combina investigación formal, espiritualidad y compromiso intelectual.
Tras una larga estancia en Sudamérica, donde estudió el arte precolombino y escribió textos clave como Carta a los Artistas de América e Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana, regresó a España con una estética influida por el primitivismo, el constructivismo y la idea de desmaterialización de la escultura.
Su proyecto más emblemático fue la decoración escultórica de la Basílica de Arantzazu, que conecta el lenguaje abstracto con la religiosidad popular. Premio extraordinario de la Bienal de São Paulo (1957), Oteiza renunció a la escultura en el punto álgido de su carrera para explorar nuevos caminos: poesía, pedagogía, arquitectura y ensayo filosófico.
Fundó la Escuela de Deba y promovió colectivos como Gaur y Equipo 57. Su influencia va más allá del arte, dejando huella en la educación, la política y la estética contemporánea. Su obra culmina con la creación del Museo Oteiza en Alzuza, legado de su compromiso con el arte y el pensamiento crítico.