“La inspiración existe, pero ha de encontrarte trabajando.”
Pablo Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973) fue uno de los artistas más revolucionarios y prolíficos del siglo XX, creador de un lenguaje plástico que transformó para siempre el arte moderno. Hijo de un pintor y profesor de dibujo, se formó primero en La Coruña, después en Barcelona y finalmente en Madrid, mostrando desde muy joven una habilidad técnica extraordinaria. Instalado en París a principios del siglo XX, entró en contacto con los círculos de vanguardia e inició el período azul (1901 1904), marcado por la melancolía y figuras solitarias, seguido del período rosa (1904 1906), de temas circenses y tonos más cálidos.
El cubismo, desarrollado junto con Georges Braque, supuso una auténtica revolución visual: el espacio se fragmenta, los volúmenes se descomponen y múltiples puntos de vista conviven en una misma imagen. Obras como Les Demoiselles d’Avignon (1907) son clave para entender este cambio radical. Picasso, sin embargo, nunca se estancó: experimentó con el neoclasicismo, el surrealismo y el grabado, y exploró la cerámica y la escultura con el mismo ímpetu innovador.
Comprometido con su tiempo, creó el monumental Guernica (1937), símbolo universal contra la guerra. Con una producción ingente que abarca pintura, dibujo, grabado, escultura y cerámica, Picasso dejó una obra que es, al mismo tiempo, autobiografía y testimonio del siglo XX.