“El arte no tiene patria, pero el artista sí.”
Joaquín Torres García (Montevideo, 1874 – 1949) fue uno de los artistas más influyentes de la modernidad latinoamericana. Desde muy joven se trasladó a Barcelona, donde se formó y comenzó a desarrollar una carrera vinculada al modernismo y al novecentismo. Durante estos años colaboró en proyectos decorativos importantes, como el Parque de la Ciudadela y el Palau de la Música, y estableció relación con figuras como Gaudí.
En los años veinte se instaló en París, donde entró en contacto con las vanguardias. Allí maduró su estilo constructivo-universalista, una síntesis entre el orden geométrico del constructivismo y símbolos arquetípicos que evocaban un lenguaje universal. Este lenguaje, basado en la cuadrícula y los signos, se convertiría en su aportación más personal y duradera.
Posteriormente vivió en Nueva York e Italia, pero el retorno definitivo a Montevideo en 1934 marcó una nueva etapa: fundó la Escuela del Sur y el Taller Torres García, donde transmitió su visión a toda una generación de artistas latinoamericanos.
Su obra, entre la razón constructiva y el símbolo espiritual, abrió caminos decisivos en el arte moderno y estableció un puente entre Europa y América Latina.