“Mi madre no me dio colores, me enseñó a pintar.”
Mateo Vilagrasa (San Rafael del Maestrazgo, Castellón, 1944 – La Cardosa, Lérida, 2018) fue un artista marcado por el nomadismo vital y creativo. Desde muy joven sintió el impulso de pintar, y a los dieciséis años ya realizaba sus primeras obras. Tras estudiar en la Escuela de Bellas Artes Sant Jordi de Barcelona, abandonó los estudios y el país, persiguiendo una libertad que el franquismo le negaba. Fráncfort se convirtió en su base, donde trabajó el grabado, la litografía y la fotografía, y exploró intensamente nuevos materiales.
En 1976 regresó a España, instalándose primero en Nerja e Ibiza, y más tarde en Barcelona, en un estudio en el Poblenou. En la década de 1980 su pintura evolucionó hacia paisajes urbanos y, en los noventa, hacia visiones conceptuales del espacio europeo. A finales de siglo inició la serie Sedimentos, de una depuración monocroma que buscaba luz y armonía. A lo largo de su vida produjo también treinta y seis libros de artista y colaboró en montajes escenográficos, mostrando siempre la fusión entre arte y pensamiento.
Tetrapléjico desde 2006, continuó creando en La Cardosa con la ayuda de Montse Gomis y colaboradores. Su obra, como él mismo afirmaba, rechaza las clasificaciones y se define como una pintura en consonancia con lo que fue su vida: una constante construcción.