«Para un artista, lo más terrible no es la muerte, sino el olvido de sus obras.»
Vladimir Yankilevsky fue una figura central del arte no conformista soviético entre las décadas de 1960 y 1980. Nacido en Moscú en 1938, se dio a conocer con sus impactantes trípticos, obras a medio camino entre la pintura y la escultura, cercanas a los combines de Rauschenberg. Con un imaginario a menudo onírico y angustiante, estas piezas expresaban estados mentales oprimidos por la vida cotidiana en la Unión Soviética y por el peso de la condición humana.
Fue uno de los artistas reprimidos durante la mítica exposición del Manezh en 1962, cuando Jrushchov condenó el arte no oficial como degenerado. En un contexto hostil, Yankilevsky fue descubierto a comienzos de los años 70 por la galerista parisina Dina Vierny, quien lo ayudó a trasladarse a París, donde encontró libertad creativa y un entorno afín. Allí expuso en espacios clave como la galería de Saint-Germain-des-Prés y formó parte de la vanguardia rusa en el exilio.
Con una obra visceral, simbólica y comprometida, denunció la alienación impuesta por el realismo socialista y construyó un universo visual único. Murió en París en 2018, a causa de una leucemia.